Dr. Fernando J. Lahoz Díaz

Director Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea

Aunque en estas elecciones a Rector un servidor no tiene voto (soy investigador del CSIC), me gustaría elevar a vuestra consideración unas modestas reflexiones que vienen avaladas por más de 40 años de vida profesional ligada a la Universidad de Zaragoza, mi Universidad, y por casi 10 años de gestión al frente de un Instituto Universitario de Investigación. Intentaré que mis palabras viajen desnudas de tendencia política alguna, con el único objetivo de ofrecer ideas de referencia para acercarnos a esa ansiada Universidad de Excelencia.

Si queremos ser crudos y reales en nuestro análisis académico, deberemos acudir a los principios más básicos de cualquier universidad. Si hay un objetivo evidente que ha dado vida a estas legendarias instituciones universitarias, ese ha sido, y sigue siendo, la ‘creación de conocimiento’ dirigido al enriquecimiento material y espiritual de nuestra sociedad. Todas las demás tareas que hoy la Universidad asume, han surgido de manera natural tras esa ‘creación de conocimiento’. Obviamente se ha hecho necesario trasladar ese conocimiento a los futuros profesionales (docencia), y al sector productivo (transferencia, I+D+i) para que el beneficio alcance a toda nuestra sociedad. Este fondo deberá venir acompañado, necesariamente, por una forma que optimice nuestros limitados recursos, tanto materiales como de personal, y por un talante observador, reflexivo, sensible a las demandas de nuestra comunidad. Es en esta forma, y nunca en el fondo, donde se empeñan muchas de nuestras discusiones.

En estos días que tanto se habla sobre excelencia, calidad, posicionamiento de la universidad, no hay que olvidar que, sin una exigente, crítica, reflexiva ‘creación de conocimiento’, no se puede aspirar a ser una Universidad de referencia… mal se puede transferir aquello que no se domina, mal se puede transferir aquello que no es tuyo en origen. Recordemos esa frase ya tan manida: no son los países ricos los que más invierten en investigación, sino que son ricos porque han priorizado su inversión en investigación, en generar conocimiento. Lo mismo, absolutamente lo mismo, ocurre en las Universidades.

No voy a gastar más de un pequeño párrafo en discutir sobre la disyuntiva: investigación básica versus investigación aplicada. Creo que sólo hay un tipo de investigación: la investigación que busca respuestas a preguntas relevantes y lo hace con el mayor rigor y espíritu crítico. Esto es la investigación de calidad, la investigación reflexiva, con visión de contorno, con el necesario grado de interdisciplinariedad, incluso creativa. Son tantos los ejemplos de investigaciones básicas, bien enfocadas y realizadas con rigor, incluso sobre hechos casuales, que han generado aplicaciones que han trasformado nuestro mundo (¡pensemos en internet, por ejemplo!).

La generación de conocimiento requiere, hoy en día, estructuras optimizadas que focalicen su labor en ese objetivo. En el marco de nuestro sistema de Ciencia y Tecnología, en el ámbito universitario, son los institutos de investigación las estructuras que responden a esta actividad primaria de la labor universitaria. Esto no quiere decir que sólo se pueda hacer investigación al amparo de estas estructuras, por supuesto que no; pero ciertamente seremos mucho más efectivos si concebimos una estructura específica para este objetivo perfectamente definido.

Funcionando con clara complementariedad estarán los departamentos universitarios, focalizados en las importantes tareas docentes, y por supuesto las agencias de transferencia, dedicadas a la necesaria interacción directa con el sector productivo. No se entienda de mis palabras que los tres sectores representen compartimentos estancos, muy al contrario, deberán estar perfectamente coordinados con actividades bien planeadas de interacción, si bien quiero trasmitir que estas dos actividades serán de calidad, serán de relevancia, si y sólo si, la generación de conocimiento alcanza niveles de excelencia.

Son muchos los puntos clave, bajando al detalle, que hace que funcionen eficientemente estos institutos de investigación. Una buena selección de los investigadores, objetiva, imparcial, planificada en temáticas, es estrictamente necesaria, aunque la mejor política de selección es la existencia de unos buenos contratos para la captación de talento y su análisis de resultados durante unos pocos años.

Pero no sólo de investigadores se hace un Instituto de investigación. Necesitamos una coordinada financiación, estable en el tiempo, que asegure buenos técnicos para los servicios, eficientes gestores de la complicada administración de proyectos, creativos comunicadores que trasladen a la sociedad la realidad de estos centros, promotores avezados que localicen oportunidades de financiación, buenos comerciales que vendan el conocimiento a las empresas más punteras. Hace falta unas adecuadas infraestructuras, espacios y equipamientos, gestionados con mecanismos ágiles que aseguren la optimización en su uso, y unos mecanismos de mantenimiento que les den una larga vida en las mejores condiciones. Y, además, lo más importante, y permítanme que insista, lo más importante, hace falta un mantenido (en el tiempo) equilibrio entre todos estos factores. Si falla uno de ellos, se desmorona este proceso complejo que es la generación de conocimiento.

Imagino que todas estas simples ideas figuran en los programas de todos los candidatos al Rectorado. Pero lo que sí me consta, es que estas sencillas ideas figuran en el ADN de gestión del equipo de trabajo de mi colega José Antonio Mayoral, quien, a pesar de las fuertes condiciones de contorno que impone la gestión cortoplacista del entramado político, ha defendido y articulado mecanismos efectivos para llevar adelante unos institutos de investigación razonablemente competitivos.

Permítaseme acabar con una reflexión acerca de la necesaria internacionalización de la investigación. Internacionalización, para mi significa colaboración. Colaboración con los mejores, allá donde se encuentren, para abordar los problemas más ambiciosos, sin prejuicios, sin menosprecio de nuestras capacidades. Pero seamos inteligentes, no rechacemos la colaboración con nuestros colegas del instituto vecino, con los compañeros del departamento de al lado, siempre siendo científicamente exigentes.

La Universidad de Zaragoza lleva 40 años colaborando con una de las instituciones de mayor reconocimiento de Europa: el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Tenemos institutos mixtos, con equipos mixtos que han generado y generan excelentes sinergias, no sólo en la creación de conocimiento, sino también en todas las acciones que se requieren para alcanzar la excelencia en esta actividad, incluida también la mejora en la docencia. Manténgase y estimúlese esta colaboración nacional, desde una perspectiva de igualdad, con confianza y generosidad por ambas partes: un moderno win-win entre dos excelentes instituciones. Seamos inteligentes.

¡Que gane el mejor! Pero que el mejor candidato crea decididamente en estas simples ideas que, estoy seguro, harán a la larga posicionarnos, sin darnos cuenta, entre los mejores.